Diversos factores geológicos y climatológicos han hecho de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche un espacio totalmente diferente a su entorno. Las formaciones montañosas de media altura que hay repartidas de forma estratégica han sido, históricamente, aliadas a la hora de proveer de lluvias a este territorio, toda vez que las nubes provenientes del vecino Alentejo portugués descargan aquí parte del agua que traen condensada desde el oceáno Atlántico tras contactar con estas formaciones montañosas.
De esta forma, este enclave del suroeste peninsular cuenta con un microclima propio fundamentado en estas altas precipitaciones registradas, principalmente, durante los meses de otoño e invierno, así como con unas temperaturas poco habituales en la cálida Andalucía. No es de extrañar que los jamones ibéricos que se producen en todo el territorio tengan su sabor particular gracias a este microclima, aliado en su curación.
Aquí, el frío intenso y seco del invierno da paso a una primavera levemente calurosa y a un verano en el que el calor moderado de la mañana se pierde entre tardes frescas que traen consigo una intensa vida en todos los pueblos y aldeas de la comarca en la franja de tarde y noche.De hecho, estas temperaturas tan singulares hacen que muchos vecinos de la Sierra afirmen que en este espacio protegido sólo hay dos estaciones del año: el frío, que ocupa al otoño e invierno, y el calor suave, que se prolonga durante el tramo final de la primavera y el comienzo del verano.
Frente al duro estío en otras zonas de Andalucía o el interior peninsular, la Sierra de Aracena puede presumir de un microclima propio que hace de sus veranos, territorio idóneo para el descanso durante la noche, en la que es habitual tener que taparse por el descenso de las temperaturas.
Todos estos condicionantes hicieron de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche un territorio propio para el veraneo tiempo atrás. Durante el pasado siglo XX, pueblos como Higuera de la Sierra, Aracena, Galaroza, Fuenteheridos o Cortegana, entre otros muchos, fueron auténticos receptores de veraneantes, familias completas que venían a pasar sus vacaciones en busca del descanso y la tranquilidad que ofrece el mundo rural y al abrigo del fresco de la Sierra.
Ante la ausencia de un tejido hotelero como el actual, viviendas particulares alquiladas o de familiares, junto a los escasos alojamientos existentes, acogían a los cuantiosos visitantes, generalmente familias completas en las que padres e hijos encontraban su espacio propio durante estos días en cada pueblo.
La hospitalidad habitual de la gente de la Sierra hacía que estos veraneantes formasen parte de la vida diaria de los pueblos, que incluso los esperaban cada año como símbolo del comienzo de las vacaciones…
Curiosamente, lo que fue una práctica habitual durante todo el siglo XX en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche se ha tornado en algo extraño desde el ‘boom’ del turismo rural. Poco a poco, este Parque Natural se ha convertido en receptor de visitantes durante las estaciones más frías, en las que quienes nos recorren buscan el verde de una naturaleza que no deja de sorprender durante todo el año. La oferta de playa tanto de la Costa de la Luz onubense, como del resto de destinos andaluces e incluso del portugués Algarve, ha ganado la partida al remanso de paz y frescor que es esta comarca en verano, aunque puede que los próximos meses vivan un punto de inflexión al respecto de esta tendencia.
Seguro que todos hemos visto ya (al menos una vez) la singular campaña promocional puesta en marcha por ‘Aquarius’, la bebida refrescante del grupo Coca – Cola destinada a los ‘huérfanos de pueblo’. Su original propuesta pretende incentivar el turismo rural en los pueblos más pequeños de España en estos tiempos de dificultad económica atrayendo a ellos a aquellas personas residentes en la ciudad que no tienen un pueblo de origen al que regresar para pasar sus vacaciones, tal y como hacen muchos españoles.
Ya están elegidos los 50 municipios de menos de 2.500 habitantes de toda España que recibirán a estos singulares visitantes. Y la provincia de Huelva ya tiene seleccionado el pueblo que la representará dentro de este nuevo concepto publicitario. Cortelazor la Real será la localidad que apadrinará a esos ‘urbanitas’ con los que estrechará lazos de convivencia y a los que mostrará el encanto de una de las localidades más señeras del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche.
La idea de esta campaña es bien sencilla: poner en contacto a pueblos que demandan visitantes con personas que buscan la paz, tranquilidad, formas de vida diferentes y paisajes rurales totalmente opuestos a su día a día. Estos ‘huérfanos’ (varios centenares en total) ya han realizado sus solicitudes para ser apadrinados por cada localidad a través de la página web de ‘Aquarius’, en la que aparece una ficha técnica de cada localidad mostrando sus atractivos.
El proceso es bien sencillo. El ‘huérfano urbanita’ realiza su solicitud de adopción a través de la web de ‘Aquarius’, donde aparecen listados los candidatos, con sus nombres, ciudades de origen y las razones que ellos consideran para ‘cogerles cariño’ y ser acogidos en cada pueblo. Una vez aprobada la solicitud, los ciudadanos aceptados reciben un diploma como ‘hijo adoptivo del pueblo’ que otorga una serie de beneficios asociados a cada localidad, como descuentos en bares, restaurantes y alojamientos que se aplicarán siempre y cuando se acredite la condición de hijo adoptivo con el diploma recibido.
El propio alcalde de Cortelazor, Francisco Javier de Pablos, destaca la implicación de todos los empresarios y vecinos de la localidad para colaborar con esta iniciativa, “que esperamos sea un punto y aparte en nuestro pueblo porque es una oportunidad muy beneficiosa de que acuda gente de toda España e incluso el extranjero, y todos serán bienvenidos”.
Estos nuevos veraneantes podrán disfrutar del encanto tradicional de la Sierra en Cortelazor, con sus calles estrechas y casas encaladas junto a monumentos como su Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios (siglo XVI), o los Museos de pintura ‘José Pérez – Guerra’ o el de arte pastoril de José Navarro, dos espacios para la cultura que visitar. Y como no, su olmo centenario tendrá este año nuevos visitantes, así como el popular ‘Charco Malo’, el mejor aliado contra el calor.
¿Quién sabe si esta campaña para revitalizar el turismo en pueblos pequeños no supondrá un retorno al veraneo con el fresco de la Sierra como mejor compañero?