Que la riqueza medioambiental de Andalucía es uno de sus baluartes no es algo nuevo que vayamos a descubrir ahora. Y dentro de Andalucía, la provincia de Huelva es la que presenta un mayor porcentaje de su territorio acogido a alguna figura de protección, lo que se traduce en un Parque Nacional, dos Parques Naturales, tres Reservas Naturales, ocho Parajes Naturales, cinco Monumentos Naturales, una Reserva Natural Concertada, dos Parques Periurbanos y dos áreas catalogadas como Reserva de la Biosfera por la Unesco.
Todos tienen su especial simbolismo y particularidades para su visita aunque si hay uno conocido mundialmente ese es Doñana. El Parque Nacional por excelencia de Huelva (aunque también ocupa territorio de las provincias de Sevilla y Cádiz) es el mejor embajador de la apuesta por el desarrollo sostenible y el respeto por la biodiversidad que se pregona en esta tierra. De ello son testigo las más de 300 especies distintas de aves que dejan huella en su territorio, probablemente lo más parecido al jardín del Edén que existe hoy en la Tierra.
Este espacio protegido está conformado actualmente por casi 105.000 hectáreas divididas entre el Parque Nacional y el Parque Natural. El primero de ellos es el germen originario de Doñana. Creado en 1969, este espacio se ha convertido en un santuario para los amantes de la ornitología durante todo el año. Ya en 1989, la Junta de Andalucía creó el Parque Natural, un cinturón de territorio que envuelve al Parque Nacional (territorio que se amplió posteriormente en 1997) con vistas a proteger el núcleo central, desginado Reserva de la Biosfera en 1980 y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994.
Su nombre está estrechamente vinculado a la figura de Ana Gómez de Mendoza y Silva, esposa del séptimo duque de Medina – Sidonia, quien construyó un palacio para ella en estas tierras de su propiedad a finales del siglo XVI. A partir de ahí, las tierras circundantes pronto comienzan a ser conocidas como el ‘Bosque de Doña Ana’, o ‘el Coto de Doña Ana’, hasta que finalmente la denominación se acorta a la que actualmente conocemos.
El interés científico y naturalista en el territorio de Doñanaarranca en el siglo XIX, con la publicación de un catálogo de aves observadas en algunas provincias de Andalucía, realizado por Antonio Machado y Núñez. Es también esta época el comienzo de una intensa búsqueda de huevos y pieles por parte de naturalistas y cazadores, lo que llega a poner en grave peligro las poblaciones de algunas especies. Ya en el siglo XX los nuevos propietarios de las fincas en la zona deDoñana introducen especies animales, plantan pinos piñoneros y organizan monterías para la aristocracia y clases adineradas de forma habitual.
Los años 50 del pasado siglo marcaron un punto de inflexión en la vida de Doñana. Ante el peligro tangible de la introducción del eucalipto en este territorio para abastecer a la incipiente industria papelera de Huelva capital, su inundación para el cultivo del arroz o incluso la plantación de caucho (que se sopesó seriamente), un grupo de naturalistas dio un paso adelante para intentar preservar el mayor territorio posible y, con él, a su flora y fauna.
Tras años de movimientos por parte de la Sociedad Española de Orinotología (SEO), la asociación conservacionista WWF y destacados filántropos como Luc Hoffman o Max Nicholsong, entre otros muchos, se crea una corriente de apoyo en toda Europa para salvar Doñana. Es el comienzo de una conciencia conservacionista dentro y fuera de nuestras fronteras, que culmina en 1963 con la adquisición de unas 7.000 hectáreas por parte del Gobierno de la Dictadura, en colaboración con el Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza (WWF) y la creación de la Reserva Biológica de Doñana y su Estación (1964), en la que se siguen desarrollando diversos proyectos científicos conservacionistas.
Hoy día Doñana es punto de encuentro para la avifauna que realiza su recorrido anual en busca de la calidez del clima africano. Su cercanía al Estrecho de Gibraltar le confiere un cariz geoestratégico ya no sólo para el avistamiento, sino también para el anidamiento y estancia permanente de especies tan exóticas como el flamenco, el alimoche, el ánade real, la cigüeña negra, la espátula, la garza imperial y real, el martín pescador, el soromujo lavanco o varias especies de águilas, como la imperial, la calzada, la culebrera o la perdicera. Éstas son sólo una pequeña muestra del importante número de aves que aprovechan los humedales y marismas de Doñana para su reproducción y cría.
Junto a ellas, peces autóctonos como la anguila o mamíferos como el gamo, la gineta, el gato montés o el murciélago grande de herradura conforman un panorama en el que destaca, sobremanera, la figura del lince ibérico, que tiene en Doñana uno de los pocos reductos en los que todavía vive en libertad. De hecho, el Centro de Cría del Acebuche desarrolla un programa en cautividad que sigue dando excelentes resultados, con nuevos ejemplares que ya surcan tanto el área de Doñana como otros puntos de Sierra Morena.
Distintos ecosistemas acogen a este grupo faunístico, que aprovecha la presencia de casi un millar de especies de flora como la adelfa, el alcornoque, el brezo, el cantueso, el jaguarzo, el palmito, el pino piñonero, la lavanda, el romero, el tomillo o la zarzamora.
Pero si hay un ecosistema singular en Doñana, ése lo conforman las dunas móviles. El fuerte viento proveniente de la franja suroeste sobre el litoral del Parque ha conformado un fenómeno casi único en la Península, que en el la arena blanca cambia de disposición constantemente, en función de la brisa. Su movimiento cadencioso trae consigo el enterramiento de la escasa flora existente en este espacio, que suele emerger inerte posteriormente, una vez el banco de arena cambia de disposición.
La mejor forma de visitar Doñana es a través de las rutas guiadas en vehículos todoterreno que se ofrecen en el Centro de Recepción El Acebuche (teléfono 959439629), acompañados de guías en un recorrido de 70 kilómetros que discurre a través de los distintos ecosistemas del Parque Nacional: dunas móviles, marismas y matorral.