La Noche de San Juan es sinónimo de magia. Durante este mes de junio, varios pueblos de la Sierra celebran sus fiestas en honor a San Juan Bautista y mantienen vivos rituales cargados de historia y tradición en unos días en los que cada localidad se viste sus mejores galas para disfrutar de jornadas de encuentro con familiares y visitantes.
El Repilado, Corteconcepción, Cortelazor la Real, Cumbres Mayores, Encinasola, Los Marines, Santa Ana la Real, Santa Olalla del Cala, Fuenteheridos, Cala y Almonaster la Real viven estos días sus fiestas, envueltas en comidas populares, bailes y tradiciones que bien merece la pena conocer. Es el caso de los Pinos de Cumbres Mayores o Los Marines, o los Pirulitos de Santa Olalla, Fuenteheridos o Almonaster o, por ejemplo, las hogueras de Cala y Santa Ana la Real. Curiosamente, en esta última localidad, estas hogueras también se hacen extensivas a la festividad de San Pedro, que tendrá lugar el próximo jueves 28.
Al margen de estas celebraciones organizadas (y de recomendada visita), existen otros rituales en los que el ‘boca a boca’ y la tradición oral han sido esenciales para su supervivencia, así como la riqueza natural de este espacio protegido. Con el inicio de la primavera, los campos del Parque Natural se llenan de las populares flores de San Juan (Hypericum perforatum), ejemplares con pétalos amarillos que crecen en herbazales, junto a los caminos y en sitios soleados. Su nombre común en la Sierra viene no sólo por su época de floración (durante el mes de junio), sino porque es un ingrediente básico en muchas casas de la comarca durante la noche y la mañana de la festividad de San Juan.
Toda la magia que envuelve a esta fecha tiene un sitio reservado para esta flor con historia. En la Edad Media, se quemaban en las casas en las que se creía que había entrado el diablo, hasta tal punto que era conocida como ‘espantademonios’. Popularmente se dice que atrae el amor y cura la melancolía, algo que no es descabellado ya que es un reconocido antidepresivo natural, así como un aliado para problemas de la piel, macerado con aceite de oliva.
Pero hay más. La cultura celta afirmaba que las hadas malas, los duendes y los brujos no entrarían nunca en casas cuyas ventanas estuvieran protegidas por ramitos de las flores de San Juan. También se colgaban de los tejados para prevenir la caída de rayos e incendios, aunque, curiosamente, para que fuese efectiva, debía recolectarse en la noche de San Juan.
Sea verdad o no, el caso es que parte de esas creencias que atribuyen a las flores de San Juan espantar los malos espíritus y propiedades amorosas sigue vigente en la comarca de la Sierra. Los días previos a la festividad del Bautista, hombres y mujeres recorren los campos para recolectar estas flores, muy abundantes por todo el Parque. Durante la noche de San Juan, las flores se depositan en un cubo con agua para cumplir con una ceremonia heredada de generación en generación. A la mañana siguiente, ese agua servirá para que toda la familia se lave la cara, como símbolo de regeneración.
Es difícil explicar el sentido de esta tradición que se pierde en el tiempo, aunque a buen seguro que tiene mucho que ver con sus presuntas propiedades mágicas, esenciales en la celebración de una noche purificadora en toda España como la Noche de San Juan.